Curación

Arquivo do Reino de Galicia. Colección de fotografías. Pontevedra: Ponte Sampaio. Ca. 1930/1940. Sign.: 4338
Fecha de publicación: 14-01-2020 Fecha de fin: 31-03-2020

 La herida era muy grave, pues había afectado a la parte superior y lateral del fémur, “en su gran trocanter del mismo cuerpo del hueso... de modo que la desperdición de substancia fue tan considerable que en el hueco que dejó ésta se podía acomodar un huevo de galina... La fractura era total, pues rompió en squirlas todo el cuerpo del hueso fémur, dejando su parte medular al manifiesto, de suerte que al tacto se percivía. Esta herida, por su essencia y qualidad no es de las que gozan mejor prognóstico, pues los más prácticos la constituyen de lethal”.

El cirujano taponó y ligó lo mejor que pudo la herida y mandó trasladar el herido a la casa del marqués, adonde llegó “conduzido en una parbihuela y sobre de ésta un colchón doblado a lo largo, la que trahían seis soldados de dicho Regimiento de Asturias”.

Por la gravedad de la herida, Vacque, denominado también “Monsieur Bacquier” (lo que delata su origen francés), convocó en el domicilio del Marqués a otros cirujanos militares para que le ayudasen en la curación “y en la noche de este día, a pedimento de dicho Marqués, padre del herido, quedó dicho don Guillermo y el que declara a dormir en dicho quartto donde se ha puesto al herido, por si le resultaba algún flujo de sangre para procurar contenerlo...”


Así, “al día siguiente concurrió a la curazión don Pedro Temprado, Cirujano de Marina..., y don Benito Freixeiro, cirujano de Milizias de esta capital. Y en este día por la tarde concurrió también don Bartholomé Benites, cirujano del Regimiento de Toledo. Y entre ellos tratavan y consultaban sobre las operaziones y diltaciones que hallaban por precisas... Y de pasados algunos días tmbién concurrió don Alejos Baches, cirujano de Artillería de la plaza de Balencia, Reino de Portugal, como también quando legó el compañero de don Guillermo, también cirujano de dicho Regimiento, don Joseph, que ignora su apellido...”

Tras sucesivas operaciones y múltiples curas, realizadas a lo largo de ocho meses, se obtuvo la curación total, pero el marqués no quiso pagar al cirujano francés más que 1.500 reales alegando que nadie lo había llamado para atender al herido sino que había ido por voluntad propia...

En el pleito que se suscitó después ante la Real Audiencia de Galicia, aquél solicitó la tasación de su trabajo a otros facultativos, que dictaminaron que se le debían otros 2.500 reales por ese trabajo y por haber asistido también a la mujer del herido, doña Chatalina, “a unos tumores que de resulta de biruela le sobrevinieron en este tiempo”.

El marqués presentó seis testigos a su favor, alguno de los cuales, como el médico de la villa, don Joseph Casal Señoráns, realizaó una colorida declaración en la que, además de poner en duda la profesionalidad del francés, aseguró que el peso de la curación había recaído en otro cirujano, don Bartolomé Benítez. En ella narra la primera visita que hizo al enfermo, del que era amigo, y la reunión que tuvo con los facultativos que lo asistían e en la que, según el, Vacque no habría despegado los labios:

“...y de pulsado y reconocido el enfermo, como tenía buenas noticias el que declara del Benites y haberle tratado y tenerle por el más ábil, le llamó y llevó para la guerta y enxido que tiene dicha casa del Marqués, y sentados allí devajo de los naranjos, a cuios sitios tanvién concurrieron el Temprado, Freixeiro y Bacquier, que unos se sentaron y otros estubieron de pie y en fuerza de lo que lleva dicho pidio le hiciese dicho Benites relación lo más breve que pudiese porque estimaba mucho la vida de dicho enfermo, en que hera ynteresado.
“Executolo así dicho Benítez y atajándole el que declara le preguntó si estaban echas las ebacuaciones de sangre correspondientes de una y otra parte, porque éstas sin perder tiempo se devían satisfacer... Y a todo ésto con prudencia dicho Benítez satisfizo al que declara, sin que los otros despegasen los labios...”

Pero los testimonios del demandante eran mucho más sólidos y, como alegó su procurador, el tenía su propio sueldo y no tenía mucho sentido que acudiese durante ocho meses a curar a un heridos sin que nadie se lo encargase. Así que la Audiencia lo amparó y condenó al marqués a pagar la deuda que había contraído con él.

En todo caso, el hijo del marqués se curó, pero sin duda se quedó cojo de por vida.

Este pleito tiene la signatura signatura 20249-39 del fondo de la Real Audiencia de Galicia

Puede leerse una transcripción más amplia en el sitio web del Archivo:  http://arquivosdegalicia.xunta.gal/…/curacion_2019_01_13.pdf

La fotografía es de Ponte Samapio. Tiene la signatura 4338 de la Colección Fotográfica.