Divorcio

Arquivo do Reino de Galicia Colección fotográfica. Padrón: vista parcial. Ponte, convento e fonte do Carme. Ca. 1935-1945. Sign.: 3028
Fecha de publicación: 21-12-2020 Fecha de fin: 21-03-2021

 El 14 de febrero de 1778, doña Catalina del Cantillo Colunga inició en Padrón, acogida en la casa de su hermano Juan, comerciante de aquella villa, tras huir de Pontevedra, los trámites de divorcio (separación “del lecho y de la habitación por causa justa”, según el Concilio de Trento) de su marido ante el provisor (juez eclesiástico de Santiago).

Doña Catalina, de familia de comerciantes y natural de Lastres, en Asturias, se había casado por poderes en 1767 con don Bernardo de Mier, su convecino, comerciante también y residente en Pontevedra, a quien le llevaba casi 10 años.

Don Bernardo había acordado con su futuro suegro, don Juan del Cantillo, comerciante de Redondela, que se casaría con doña Catalina, con una dote de más de 16.000 reales. Tras fallecer el padre, se reanudaron las conversaciones matrimoniales y los hermanos de Catalina se comprometieron con Bernardo a pagarle la dote de su hermana en cuatro plazos. Pero no será hasta 1771, en que se hizo efectivo el cuarto plazo, que accedió de Mier a que Catalina fuese a vivir con él a Pontevedra. Pero el matrimonio no fue muy bien, pues pronto comezó a tratarla mal y la obligó a renunciar a sus bienes en su favor, pues necesitaba capital para asegurar un contrato de compañía con su paisano Jacob Poladura (y, según dirá después su cuñado, por temor a que revertiesen en sus hermanos por no tener descendencia y dada la diferencia de edad que había entre ambos).

Una vez en Padrón, Catalina presentó la demanda de divorcio y otras en paralelo para anular las escrituras de renuncia que había hecho por fuerza. Pero parece que el poder de Bernardo de Mier era grandes (además de comerciante era también juez en Pontevedra y regidor en Padrón): los testigos tenían miedo de declarar contra él y, por otra parte, fue capaz de activar mecanismos para impedir que el proceso de separación avanzase. Así, en junio de 1778, el padre guardián del “Seminario” de Herbón y dos párrocos de las proximidades mediaron en el litigio:

“aviéndose echo pública [a demanda de divorcio] y llegado a noticia de personas de elebado carácter, ciencia y prudencia, éstas, como zelosas de la quietud de conciencias y por hacer servicio a Dios en la unión de dicho matrimonio han procurado ynstruirse y saber las razones de una y otra parte y con atención a ellas obiando disputatas y gastos que se acarrean en semexantes questiones, han echa su corte, en el qual se han combenido los otorgantes; y en su conformidad, unirse y vivir juntos según Dios lo manda y leies del matrimonio con aquella armonía, paz y concordia de vida de marido a muger y de muger a marido, por lo que … la doña María, condescendiendo en ello se aparta de la expresada demanda para no seguirla ni proseguirla en tiempo alguno…

 

“dicho don Bernardo, quanto al primer ynstrumento zittado de aprobación de compañía, dá por libre y separada a su muger de qualquier obligación que por él hubiese contraído y la yndemniza en devida forma dejando su dotal por libre siempre que en algún modo se aia ligado…”

 

Reanudado el matrimonio, el maltrato siguió hasta la muerte de Catalina, en diciembre de 1787, según su hermano.

 

Este pleito tiene la signatura 10469-41 del fondo de la Real Audiencia de Galicia.

Véase otra referencia a una demanda de separación por maltrato, en este caso en Ferrol en 1852: