06 Nov 2020
06 Nov 2020

 Por tierras de O Incio (Lugo), de Monforte, do Saviñao (Lugo), fue famosa a comienzos del siglo XIX la gavilla de bandoleros de Manuel Pérez, Valente. Un bandido cruel,  “que siempre encontró en las mujeres las mejores aliadas”, segundo sinala Beatriz López Morán, historiadora estudiosa del bandolerismo en Galicia. Pues era, al parecer, muy bien parecido: “cinco pies, bien configurado de pies a cabeza, pelo y barba roja, blanco de rostro, cara llena, ojos azules y todo de hermoso aspecto…” Manuel Pérez mantuvo en jaque a las autoridades durante casi una década. Tras fugarse en varias ocasiones de la cárcel, acabó muerto en su casa, sorprendido por una partida de soldados en el año 1822. La causa que se tramitó contra él en la Real Audiencia de Galicia comienza con el relato de cómo después de ser apresado por desertor, fue liberado por una gran cantidad de gente en octubre de 1813, cuando estaba custodiado por catro soldados na xurisdición de Moreda, nas proximidades de Monforte: “… que habiendo concurrido de orden de su jefe y la del capitán… juntamente con Lorenzo González, cabo, Francisco Gómez y Juan González, todos ellos soldados de alarma con dicho capitán a la casa consistorial de esta jurisdicción, sita en el lugar de Goián, feligresía de Santa María de Ferreira, a cosa de las diez y media del día quatro de este mes, les destinó dicho capitán… a la taberna del barrio de Armental para arrestar en ella a Manuel Pérez Balente, y los declarantes que se detuviesen en dicha casa consistorial, a la que llegaron entre cosa de once y doce del mismo día quatro… con el referido Manuel Pérez atado a porta fusil con una faja; “ y a poco más de una ora se presentaron una crecida porción de hombres, mujeres y muchachos, que a parecer de los declarantes escedían de quarenta, armados los primeros de fusiles, trabucos y escopetas, y las mujeres y muchachas con palos y piedras y sorprendieron dicha casa y partida que estaba custodiando al Balente hasta que llegasen los señores del Ayuntamiento, hicieron una descarga de seis tiros de trabuco a tres por fondo, sin que resultase muerte por hallarse a cubierto los que deponen y sus compañeros, quienes solo pudieron hacer otra sin que produjese efecto alguno por hallarse los agresores parapetados tras de la puerta, a la que pudo acercarse el reo, no siendo posible a la partida precaverlo por el fuego a que tenían que atender. “Y habierta aquélla, le cortaron con un cuchillo las prisiones y al momento le entregaron trabuco y municiones diciéndole los tumultuentes: “carga de firme y mata”. Comunándose con ellos, haciendo fuego y descargas cerradas, dando voces, gritos y vivas, sin que pudiesen seguirle la partida por falta de municiones y superioridad de fuerza de los tumultuantes, quienes… haciendo burla y menosprecio de las autoridades  y Nación…” “Todos los referidos gentes de mala conduta, habidos y tenidos por tales, y entre los muchos robos que an sucedido de un año a esta parte en este país y sus inmediaciones se los atribuien a los sobredichos, por no sujetarse a las labores del campo, sin dejar feria ni romería que no frequentes vestidos de majos, sin tener aberes para ellos, de que se presume probienen de los robos que acen…” Por terras de O Incio, se contaba no hace tanto tiempo la leyenda del “Valente de Vilasouto”, un home que se enfrontara a un morto. Este cuento no parece tener relación alguna con la historia real del bandolero Manuel Pérez, pero en todo caso no deja de ser sugestiva dunha posible permanencia e transformación na memoria popular. Valente estaba segando un prado en compañía de otros vecinos una madrugada de verano cuando apareció el fantasma aullador y aterradora de un suicida y todos habían huido menos el Valente. El difunto sólo quería que le rasgaran el hábito de San Francisco con el que había sido enterrado, pues un condenad no podía (o no debería) ser amortajado con un hábito santo. Valente se había protegido del fantasma con un círculo y una cruz que hizo en el suelo a su alrededor con su guadaña y sólo había accedido a rasgarle un poco la tela con ella. Después, el fantasma se había marchado amenazante. Pero el Valiente, impresionado, había muerto también a los pocos días.   La causa sobre los robos y tropelías de Manuel Pérez, Valente, tiene la signatura 48759-1 y 11 del fondo de la Real Audiencia de Galicia. La completamos con la imagen de un boletín de alistamiento correspondiente a un desertor de la “Legión del Ribeiro” aprendido en Oporto (Portugal) en 1810, y que procede del fondo documental de la Junta Superior de Armamento y Defensa del Reino de Galicia (40021-590).