05 Nov 2021
05 Feb 2022

Esta es una historia dramática pero con final feliz: una cantante que es contratada para actuar en un café de A Coruña en el año 1933, que viaja en tercera desde Madrid y que cuando llega a la ciudad encuentra el local cerrado, traspasado, y que el nuevo empresario se niega a asumir el contrato o a indemnizarla y alega que:

 

“ dadas sus condiciones físicas en que llegó, que eran toda la cara infectada de granos, completamente desfigurada para la clase de espectáculo a que había sido contratada...”, pues, “es público y sabido de todo el mundo que el físico para la presencia al público es complemento de el trabajo artístico... Además, la demandante llegó en un estado de afonía que dificultaba el cuanto...”

 

Araceli, nombre artístico de Araceli Estéfano Valle, de 23 años, había sido contratada en Madrid por el propietario del café “Michigan Hall” de A Coruña, a través de la agencia “Satanela”, para actuar en su local durante 10 días a partir de 15 de abril de 1933, a razón de 50 pesetas diarias. Tras llegar del viaje, encuentra que el café había sido traspasado y no trabajaba desde había unos días, pues se había declarado una huelga en la ciudad. Así que, decidida como debía de ser, buscó un abogado y presentó una demanda en el Tribunal Industrial de la ciudad.

 

Presentó como prueba su contrato (“cheque-contrato”). Un contrato leonino, por otra parte, que estipulaba que podría rescindirse “cuando el artista fuese rechazado por el público en tres actuaciones sucesivas”; que “abonará al agente intermediario y en concepto de comisión el 10 por 100 de su sueldo diario durante la duración de el contrato, prolongaciones y renovaciones...; que en caso de enfermedad de el artista, éste no tendrá derecho a percibir sueldo alguno y si la enfermedad había durado tres días, la Empresa podrá dar por rescindido este contrato”. No obstante, señalaba que:

“Caso de que la Empresa vendiese, cediese, traspasara o subarrendase el local antes de el cumplimiento de este contrato, vendrá obligado a hacérselo aceptar íntegro a la nueva Empresa”.

 

La sentencia del juez de Primera Instancia del Distrito del Instituto, en calidad de presidente del Tribunal Industrial, José Spiegelberg Horno, declaró probado que el contrato era auténtico y que:

 

“si bien la artista tenía algunos granos en la cara tenía en cambio la voz en condiciones de cumplir su cometido y que no actuó, sometiéndola al fallo de el público [tal como establecía el contrato], porque el Michigan estaba cercas aquellos días.”

 

Y declaró el derecho de la demandante a cobrar la indemnización que reclamaba de 1.500 pesetas.

 

En el juicio declararon otras cantantes como testigos de Araceli Estéfano: Ángeles Fernández del Valle, de veinticuatro años, y Josefa Sanchís Manglano, de veintiséis.

 

Este pleito tiene la signatura 2521-25 del fondo del Tribunal Industrial de A Coruña. Completamos las reproducciones del contrato con dos fotografías de otro céntrico café coruñés de los años de la década de 1930: el Café Oriental.