Conmemoramos el Día internacional para la eliminación de la violencia contra la mujer con la transcripción parcial de dos procesos de la Real Audiencia de Galicia. Ilustramos el texto con algunos retratos de mujeres de principios del siglo XX captadas por el fotógrafo coruñés Antonio Pérez, algunas ya publicadas en otras ocasiones, que siguen impresionándonos por su calidad y fuerza expresiva.
No son raros los testimonios de violencia ejercidos sobre mujeres entre los documentos judiciales o administrativos del Archivo. Elegimos dos del año 1794 en lugares tan alejados cómo Crecente (Pontevedra) y Quiroga (Lugo).
En el primero de ellos, el marido, Benito González, labrador de Crecente, se queja de la libertad con la que actúa su mujer, Gertrudis Pérez, quien lo acusa de maltrato:
Alejo Fernández, en nombre de Benito González, labrador y vecino de las jurisdicción de Creciente... me quejo y agrabio ... y digo que mi parte se alla casado con Gertrudis Pérez, quien usando de una libertad reprendible abandona a mi parte, sálese de casa sin bolber a ella en muchos días, pasa al Reyno de Portugal y egecuta otras acciones impropias a la armonía y subordinación de el santo matrimonio. Por lo mismo y por otras causas justas, solicitó mi parte ante el Provisor [juez eclesiástico] diborciarse y mandó [éste] que el cura párroco le tranquilizara haciendo entender la la Gertrudis la obediencia y respeto que debía guardar a su marido. Resentida de ello, y amparada de la protección que encuentra en la dicha justicia, dio una supuesta querella contra mi parte fingiendo la trataba mal; se le admitió y arrestó a mi parte y su madre, recibióse sumaria y en vista de ella se sirbió la Sala por Real Auto de trece de enero de año próximo pasado mandar que la Justicia procurara ami`s]tar ell matrimonio, y no pudiendo conseguirlo les hiciese saber usaran de la demanda de diborcio... En consequencia de ello ofrecieron las partes vivir en buena conformidad, mas no obstante la Gertrudis a pocos días bolbió a su antigua costumbre, saliéndose de casa, metiéndose en la de Josef Antonio, su vecino, a prestesto de pariente...”
En el segundo, doña Margarita de Soto Berbetoros acusa a su marido, don Baltasar Villafalle, administrador de una casa hidalga, del maltrato que le da, al parecer por reprobarle ella el amancebamento con una vecina. Ella reconoce que tiene viveza, con la lengua y para aumentar los bienes temporales [lo que hoy calificaríamos como "emprendimiento"]:
“Doña Margarita de Soto Bervetoros, muger propia de don Baltasar Villafañez, súbditos de vuesa merced,... digo que la sevicia con que me a tratado y trata dicho mi marido es vien pública y notorio [sic] en ell público... Yo soy una muger de limpio nacimiento, vien criada, sin nezesitar por la divina compasión más onra y comeniencia temporales que la de mis padres ni mendigar.
“Vaxo mi consentimiento y su vendición me an echo casar con este hombre, que al tiempo prometía lo que no salió, y sí redículo de jenio, provocativo y audad con toda clase de personas...
“Lo primero no puedo negar tengo algunas viviezes de sangre propia, ... a la conservación de la paz y quietud de el consorcio y aumento de los vienes temporales, sin que otra fuese dicha mi vivieza ni que con verdad ablando pueda justificarse y como no acomode a dicho mi marido... si a precipitado... a ponerme las manos con conocimiento espreso de valdarme y acasso quitarme la vida, como se habría verificado a no tener socorro asta llenarme la voca de zevada en grano, tapármela y vociferar: “come, mula, come”, hazerme arrollar sangres de ella, sotanearme [zurrarme] en lugar sagrado como lo es el atrio de la yglesia matriz de San Salvador de este Hospital de Quiroga, valiéndome sacerdotes y legos... llevándome con ynominia al patio de la cassa en que avita, propia de el señor don Diego Flórez Quiñones y Lossa, adonde quiso concluir conmigo;
“en otra ocasión no é experimentado menos, pues me dejó inmóvil, como que ha sido preciso concurriese cirujano a sangrarme y aplicar lo conduzente a mi curación, como lo a sido...
“Lo segundo... digo es público [vive], escandaloso en el pueblo, con persona casada, ofendiéndome y al marido de la subxeta, que lo es don Juan Peña, residente en la casa de Otero, que vive por lo mismo en discordia sin que dexasse de recivir como recivió de mi marido sus golpes por lances de ynfragante delito...
“asta terminar haverme echado de la compañía, esponiéndome a los peligros de la frajilidad humana (en que asta aora por la divina compasión no é delinquido), pues evitándolos me retiré y acojió a su sombra mi padre, que me mantiene por no tener otro abrigo y casa en que acoxerme ni efecto para el alimento, por allarse dicho marido apoderado de los que se me an dado por el capital de mi difunta madre...
“Lo terzero, por estos echos quise como me es devido valerme de autoridad propia, ya que me falta la de la caridad y vínculo conyugal del usufrutto de mis vienes, sin mezclarme con los de dicho marido..., por manera que ell día nueve de el que rixe, esstando en mi viña que llaman vieja sobre recoxer la fruta de higos, interrumpiéndome las criadas del citado marido... de aver caminado una de ellas en busca de su amo, llegar éste, tratarme con las palabras ofensivas que quiso y... propasándose a golpearme, tumbarme un diente de la boca y en ell suelo a cozes y puntillazos, procurando estorcerme la muñeca izquierda, cuyos cardenales aún se perciven y pueden reconocerse, como otros cardenales en ell cuerpo..., y en público asimesmo de la sangre que estava echando por la voca, tratándome de bruja, puta de los de la América, de varrosos y de freyresses y de lo más que quiso, como en tomar con total algazara propia de su conduta con que se a conducido y alla publicado en ell contorno y pródigo a su quenta...”
Estas causas tienen las signaturas 48677-42 y 49677-23 del fondo de la Real Audiencia de Galicia. Las fotografías llevan los números 20, 24, 29, 31 y 51 de la Colección fotográfica.