Los días 15, 16 y 17 de agosto de 1815, se celebraron en la ciudad de A Coruña solemnes fiestas para celebrar la proclamación de Fernando VII como rey de España. Con ese motivo, el Ayuntamiento de la ciudad promovió la publicación de un folleto en el que se ofreció un “breve resumen” de los actos que se celebraron.
Recordemos que, tras la salida de los franceses de España y el regreso del rey, éste, el “Deseado”, se había negado a firmar la Constitución de 1812 y había restaurado el absolutismo, tal y como le habían pedido, entre otros, 69 diputados de las Cortes en el llamado “Manifiesto de los Persas”.
El folleto exalta la figura del rey y relata, en tono siempre apologético, las celebraciones organizadas por la corporación municipal. Las descripciones son de gran interés porque reflejan unos rituales que parecen de antigua tradición.
La iniciativa correspondía en todo momento al Ayuntamiento, pero en los festejos estaban presentes las otras instituciones de la ciudad: Capitán General, Audiencia, Intendencia, Consulado, Correos; y, por supuesto, los gremios (mareantes, herreros, anaderos, tejedores, tablajeros, carpinteros...) y el vecindario en general, que participó del júbilo "de un modo sorprendente y extraordinario". Los diferentes regimientos militares de guarnición en la plaza tuvieron también un protagonismo indiscutible con la formación y acompañamiento en todos los actos.
Una “fragata del comercio, perteneciente a D. Juan Bautista de Larragoyti”, saludó con 21 cañonazos, pero no pudo repetirlos en los días siguientes “en razón de la suma escasez que se padecía de este artículo”.
Hubo iluminación nocturna, cohetes “voladores”, funciones de comedia y, por supuesto, bailes (además de las danzas gremiales ejecutadas delante de las casas consistoriales).
Otro de los aspectos más interesantes fue la construcción de una arquitectura efímera delante del palacio de la Real Audiencia bajo encargo de los capitulares al “Arquitecto titular Don Fernando Domínguez y Romay”, pues las casas consistoriales, “por su vejez y mala fábrica carecen del decoro para unos actos tan augustos y grandiosos...”
Este edificio, en forma de templo clásico, tenía unos 30 metros de frente (108 pies) y 12 de altura (46 pies). Entre su decoración se incluían frases y poemas que enaltecían al monarca y al régimen absoluto. Poemas como este:
“Grandes son de un Monarca los cuidados,
grande la vigilancia si quisiere
sus dominios tener bien gobernados;
nuestro buen REY FERNANDO los prefiere
al ocio en que otros viven sepultados.
Inquisición, Consejos... todo inquiere,
Todo ve con sus ojos paternales,
Inclusos calabozos y hospitales.”
El texto finaliza con una nota alusiva al levantamiento de Porlier:
"Estando ya próxima a darse la luz esta narración, ocurrió el desgraciado suceso, que todos saben, de intrusar el ex-General Porlier en el mando de esta Plaza, cuyo acontecimiento ocasionó el trastoco y pérdida de papeles y el retardo de la impresión."
Este folleto, del que no constan apenas ejemplares en otras bibliotecas públicas, apareció entre los documentos de la familia Carré. Tiene la signatura 26957-/8-5-2.