Soldado

20 Dic 2021
20 Mar 2022

Soldado

De Cataluña vino a la Coruña en la  primavera de 1690, de servir al rey y con licencia del virrey y capitán general de ella, el sargento Rosendo Fernández de Aguilar, natural de Santiago. Llegó pobre, “desbalido sin tener bienes ningunos que balgan tres mil maravedís más de un pobre vestido que trae de soldado”, aunque no tardaría en sentar plaza “en los presidios de esta ciudad”.

Rosendo, soldado de Flandes, había sido apresado por los franceses y luego canjeado con otro de aquella nación. No encontrando plaza en el ejército de Cataluña, resolvió volver a Galicia y reclamar el legado a l que decía tener derecho en Santiago.

Hijo natural del capellán de la Catedral Manuel Fernández de Aguilar y de una criada suya llamada María de la Cruz Andrade, había vivido con él desde los tres hasta los diez años, en que había muerto el cura:

“... y le tenía dicho clérigo en casa y le criaba y vestía y calzaba y traya en la escuela y él le llamaba su tío y él a él su sobrino...”

El capellán dejó como herederas a sus hermanas, Agustina y María Fernández, casadas con un mercader y con un escribano, respectivamente, pero estableció también que el matrimonio que heredara su casa de la calle de las Huertas (la María y el escribano Amaro Becerra) debían de alimentar y cuidar del niño.

No debieron de cumplir exactamente el encargo o el chico salió inquieto porque no tardó mucho tiempo en abandonar la casa y marchar a correr mundo:

Y así decía el escribano que “havía llevado a su cassa al dicho niño llamado Rosendo mobido de caridad, donde lo tubo agún tiempo y al cavo de él se le havía ydo y ausentado de este Reyno y a los de Castilla y a Flandes y otras partes desde más de quinze y diez y seis años a esta parte...”

Pero “aora, de próximo “abía unos quatro meses havía llegado a la dicha ciudad de Santiago el dicho Rosendo Fernández, ya echo ombre barbado a ymitación y expectación de la hedad que aora tiene; y él no obstante todo lo que venía refereido y llevado de el mismo afecto caritatibo que tubo quando niño le trajo a su cassa donde aora le tiene por su crédito y reputación, dándole elsustento, y ell sobredicho sin embargo de ello pretendía lo havía de continuar y dársele los dichos alimentos y algún estado como posesión de dicha casa...”

No sabemos en que finalizó el pleito. Consta que Rosendo consiguió antes de él que el escribano le pagara 40 ducados por renunciar a reclamar la herencia. Más tarde, logró que se le reconociera su condición de pobre de solemnidad y que el Becerra corriera con los gastos del pleito y su mantenimiento mientras durara éste...

Se ve que en Flandes y por el mundo adelante no había dejado de aprender cómo defenderse en la vida.

 

Este pleito tiene la signatura 2512/36 del fondo documental de la Real Audiencia de Galicia.