De la antigua Intendencia de Galicia, la institución que fue antecesora, en parte, de las delegaciones de Hacienda y de la Agencia Estatal Tributaria en Galicia, solo se conserva una parte del fondo documental. El resto se debió perder en sucesivos traslados y por las malas condiciones de los locales donde se guardó durante los siglos XVIII, XIX y parte del XX en la ciudad de A Coruña.
Entre esos documentos, encontramos hoy muchos ejemplares en mal estado de conservación, en agrupaciones de tanto interés como los libros de la Única Contribución (Catastro de Ensenada) o los expedientes de venta de bienes nacionales durante los procesos desamortizadores, en el siglo XIX.
La afanosa búsqueda de un compañero, que encontró en el fondo de la Delegación Especial de Hacienda de A Coruña un expediente que acumula los antecedentes sobre la entrega del edificio “al ramo de la Guerra”, nos permite hoy ahondar en las circunstancias en que esos documentos se almacenaron en el antiguo edificio de la Veeduría, luego sede de la Intendencia y más recientemente Gobierno Militar de A Coruña.
Efectivamente, ese antiguo edificio, que parece tener origen en el siglo XV, fue cedido a la Corona por el conde de Grajal y marqués de Montaos en 1640, y pasaría a ser residencia de los intendentes y sede de sus oficinas (o de algunas de ellas) durante el siglo XVIII.
Tras la supresión de las intendencias (1849), el edificio siguió siendo sede de algunas oficinas de la Administración de Hacienda y local de archivo para sus documentos (entre ellos los de la Única Contribución), pero también comenzó a alojar diversas dependencias militares.
La presión de los militares por incrementar el espacio para sus oficinas y archivo a costa de las dependencias de Hacienda fue incrementándose a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX y culminará en 1935 con la orden de desalojo que el Ministerio de Hacienda envió a la Delegación de Hacienda, que, a pesar de haber trasladado ya sus dependencias y archivo a otras instalaciones, seguía oponiendo resistencia a una cesión que consideraba injusta.
Sin entrar en los argumentos aducidos por unos y otros en esa disputa, lo que sí delatan los documentos es la extrema precariedad que alcanzaba entonces a todos los ramos de la Administración Pública, al Estado en suma.
En el expediente que comentamos, se describe, por ejemplo, el estado lamentable en que se encontraba el archivo de la antigua Intendencia en 1908, que ocupaba locales situados en las cuatro esquinas del edificio:
“... Cuatro son los locales que el ramo de Hacienda tiene a su cargo en el edificio; destinados en los ángulos N.O. y N.E de su planta baja y las de los restantes en planta de sótano en los ángulos S.O. y S.E. de el mismo.
“El local N.O. ,con entrada por el vestíbulo principal, tiene unos 30 m2 de superficie, está abovedado y recibe luz por una pequeña ventana a la calle de Damas. Es reducido, húmedo y oscuro... Es inadecuado para archivo...
“Al local N.E. da paso una puerta interior al pie de la escalera de servicio; tiene este local dos ventanas sin reja al patio principal y tres ventanas más a la calle de la Amargura; está dividido interiormente en dos por un tabique, restando mucho espacio al de entrada una gran caja el depósito de sillería correspondiente a algunas letrinas de los pisos altos, un fregadero, un horno de mampostería inútil y una gran chimenea y fogón de piedra emplazada en el centro del local que sirve de apoyo al piso superior y que carece de salida de humos por haber sido ésta suprimida hace años por amenazar ruina su chimenea. La superficie aproximada de este local es de 60 m2. Se hallan en pésimo estado los pisos y enlucidos, inútiles por carecer por completo las ventanas al patio; en muy mal estado las ventanas exteriores y lo mismo buen número de vigas y pontones de su techo, que viene a constituirlo ell piso de una parte del antiguo pabellón de el Intendente Militar. Por efecto de la constante filtración y emanaciones del depósito de letrinas, así como por la humedad del piso, se hallan en putrefacción o hechos ya polvo multitud de legajos de los contenidos en este local...”
“El local situado en planta de sótano al S.E. del edificio tiene su entrada por la calle de la Amargura y hay en él un pequeño ventanillo a la travesía de la Amargura... Es extraordinariamente húmedo, está sujeto a filtraciones de las letrinas y alcantarillas próximas... Efecto de estas filtraciones y de la carencia absoluta de ventilación es el mal estado de conservación de las vigas de su techo... y lo es también la destrucción casi completa de la documentación que se almacena en el local, deshaciéndose muchos legajos al tocarlos y habiendo llegado a formarse sobreel piso, bajo montones de aquellos, una gruesa capa de polvo o pasta, efecto de su putrefacción...”
Se dice también en otros pasajes de este informe y en otros documentos del expediente que habitaban aquellos locales numerosas ratas, que no contribuirían precisamente a la conservación de los documentos.
Como dijimos, la disputa entre la Delegación de Hacienda y el Gobierno Militar venía de lejos, y así constan en el expediente informes de los años 1897 y 1898 en los que Manuel Murguía, como archivero que era de Hacienda en aquel momento, defiende, con la claridad y contundencia que le era habitual, la preeminencia de este ramo sobre el militar a la hora de disponer de aquel edificio.
Sobre la casa de la Veeduría, se conservan en el Archivo General de Simancas diversos planos. Dos de ellos, del año 1758, se deben al ingeniero militar Antonio Gaver con motivo de las obras de reforma que se proyectaban hacer en el edificio, y nos ayudan a entender mejor la descripción que se reflejan en el informe del que hablamos:
http://www.mcu.es/ccbae/es/consulta/registro.del?id=179750
http://www.mcu.es/ccbae/gl/consulta/registro.del?id=179751
De estos planos dio cuenta Julio Estrada Nérida en su día.
Este expediente tiene la signatura 1401.