Viño

13 Mayo 2022
13 Ago 2022

Viño

Ya se sabe que el “Elisir d´amore”, ese maravilloso fluido que facilita (o entorpece) las relaciones amorosas y del que bebe la famosa ópera de Donizetti, el vino, tiene que dar muchas vueltas antes de llegar a la copa o al vaso donde, con su aroma y sabor, obrará el milagro que atrape a Cupido sólo un instante antes que a Baco. Todavía más en aquellas tierras en las que, desde la Edad Media, el vino constituía el centro de las relaciones económicas y sociales.

 

Un pleito que enfrentó a Alonso de la Rigueira con el Mosteiro de San Paio de Antealtares en el año 1579 permite vislumbrar lo que podía ser aquel mundo de viñas, labradores, caballeros, vino y monasterios.

 

En la disputa del siglo XVI que mencionamos se aportaron como pruebas documentos medievales (nada menos que 21, escritos en gallego y sobre pergamino) que testimonian cómo un caballero (o caballeros, por la separación temporal que hay entre los documentos) de la tierra de Deza, con el nombre de Diego Gómez (probablemente fueran padre e hijo) compró (o compraron) desde 1282 rentas en vino (es decir, el derecho a cobrarlas) o viñas en la aldea de Cabanelas, en Santa Baia de Banga (O Carballiño, Ourense), a diferentes personas. Más tarde, esos caballeros donaron esas renta al monasterio de San Pedro de Ansemil (Silleda, Pontevedra), que a fines del siglo XV se integraría en el Mosteiro de San Paio de Antealtares de Santiago.

 

Las imágenes de casi todos esos documentos están accesibles en Galiciana. Archivo Digital de Galicia, vinculadas al pleito del que proceden.